En esta crisis ¿A quién hay que salvar?

La crisis económica está produciendo situaciones que podrían ser  graciosas, si no fuera porque nos cuestan mucho dinero a los contribuyentes.

Primero había que salvar a los bancos, porque un sistema financiero sólido contribuye a una economía estable. Y se está entregando a la banca una cantidad de dinero que ni siquiera somos capaces de imaginar. Por el momento sin resultados positivos.

Después había que salvar a la industria del automóvil, porque hay mucha gente que depende de ella. Y se está dando dinero a las empresas, y más que se dará. No se ha planteado el debate acerca de como debería ser esa industria en el futuro.

Ahora hay que salvar a los constructores. El Gobierno de Navarra parece que está dispuesto a ayudar a los empresarios que invirtieron en comprar terrenos en Guendulain y  que luego los vendieron al Gobierno a cambio de los derechos de edificación. Ahora esos derechos no valen nada, porque el negocio salió mal. No ha sido una sorpresa. Hubo muchos que pusieron de manifiesto la inviabilidad del negocio, pero todos los implicados lo dieron por bueno.

¿Debemos hacernos cargo de los errores de los empresarios? ¿Hay que pagar 90 millones de euros por algo que no vale nada? ¿Repartieron los constructores sus beneficios con el resto de los ciudadanos?

Han sido años de enormes beneficios en la banca, en la industria del automóvil, en la construcción, mientras que muchos trabajadores recibían salarios bajísimos por su trabajo. No me parece demagogia defender que las ayudas lleguen para quienes pierden su trabajo o pueden perder su casa, y no a quienes han sido, en gran medida, los responsables de la crisis.

Ayer escuché al Presidente de la Cámara de Comercio de Navarra Javier Taberna diciendo que había que volver a los valores del ahorro, de la austeridad, del trabajo duro. Imagino que eso será de aplicación para los trabajadores, porque al mismo tiempo afirmaba, sin pudor alguno, que era de justicia pagar a los constructores por los derechos de edificación de Guendulain. ¿No es el riesgo algo propio de la actividad empresarial?

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